domingo, 16 de diciembre de 2012

Primeras impresiones


Foto: Todd Winters
Le llevó tres semanas darse cuenta de que no era tan sosegado como parecía; dos meses tardó en comprobar que no era tan tolerante como alardeaba; cuatro en notar que los preliminares sexuales le aburrían; pasaron seis meses antes de advertir que criticaba películas que nunca había visto y casi nueve tardó en percatarse de que carecía de sentido del humor. Aun así el día de su primer aniversario se empeñó en sorprenderlo y le citó en el hotel más caro de la ciudad. Se tomó el día libre y se fue a comprar ropa interior para la ocasión. Llegó al hotel una hora antes de la acordada con él, se dio una ducha y se arregló el pelo con esmero; utilizó la loción de cuerpo de siempre –no soportaba los perfumes artificiales- y lo esperó. Recibió dos mensajes advirtiéndole de que se atrasaba por motivos de trabajo. Estaba casi a punto de quedarse dormida cuando oyó que intentaban abrir la puerta; se incorporó, metió vientre y puso su mejor sonrisa. Ahora no es capaz de recordar si le llegó a besar. En su mente solo quedó grabado el hedor a sudor ácido del que ya se había percatado levemente en aquel primer abrazo frente al lago. Le tomó de los hombros y, apartándolo medio metro, le aseguró que acababa de reparar en que no podía más.


sábado, 8 de diciembre de 2012

Preguntas sin hacer


Foto: Emiliano Brito


Ayer tarde encontré esta fotografía en un viejo álbum de mi padre. De inmediato su ausencia se hizo aún más palpable. De él heredé mi pasión por la fotografía; podíamos pasar horas enteras releyendo fotos de su infancia a orillas de Las Canteras, de sus años de actor en el viejo Cine Bahía, de los que pasamos en el entonces llamado "Sáhara Español", de nuestras vidas vividas. No recuerdo, sin embargo, habernos detenido nunca a releer esta imagen. Reconozco a Tuisi de otras muchas fotos familiares; él solía cuidarnos cuando mis padres tenían algún compromiso y es quien sujeta la mano de mi hermano. Confieso que tardé en percatarme de la presencia de ese niño blanco sonriente. Los rostros serios de los otros seis hombres me distrajeron. Y surgieron las preguntas: ¿Están serios o tristes? ¿Estaban cansados o asustados? ¿Quiénes eran y por qué mi padre quiso retratarles ese día? Me inquietan sus posturas rígidas y, especialmente, el gesto cabizbajo de quien lleva el traje saharaui. De estar mi padre, sé que me sacaría de estas dudas que hoy me incomodan. Me diría que el sol les estaba cegando, que acababan de descargar las cajas de El Correíllo que esa mañana había llegado al puerto de La Güera y que, seguramente, estaban cansados; se reiría de mi imaginación y me recordaría que su cámara Leica no tenía pantalla LSD con la que poder mostrarles la imagen y asegurarles que su espíritu no quedaba atrapado en aquella caja negra. Su risa me tranquiliza.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Sin voz

Foto: María Brito
Llevan meses esperando que les ponga voz; sus ropas veraniegas ya tienen olor a trastero. Recuerdo que unos minutos antes de retratarlas yo también estaba inmersa en una historia escrita por otro. Las observaba desde una hamaca puesta al servicio de los clientes en una terraza del parque berlinés de James-Simon, justo bajo los raíles de la estación de metro de Hackescher Markt -añadan, pues, el ruido ensordecedor de trenes frenando y acelerando-. Por la postura de la más joven, al principio pensé que se conocían entre sí; enseguida supe que su inclinación solo obedecía a un mero movimiento de girasol. Ha llegado diciembre y hoy las imagino en la misma postura, con un libro en su regazo, aunque es muy probable que ahora lean desde el sofá de sus casas y tengan una manta cubriéndoles las piernas. Las he hecho esperar meses para nada. Acabo de percatarme de que no podré ponerles voz; sus mentes andan ocupadas con palabras que no son suyas. Reconstruyen vidas ajenas que alguien inventó para ellas. Y no seré yo quien las saque de sus libros para hablarles de su soledad.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Lo escribiré al oído


Foto: Tato Gonçalves
Sé lo que estás pensando y no me atrevo a escribirlo en alto. Si lo hago, dirán que escriben mis pensamientos y no los tuyos. No vale esconderme detrás de tu mirada para ponerle palabras a ese deseo que hoy ocultas bajo el agua. Miras al objetivo de la cámara e intentas imaginar sus ojos detrás del visor, o mirando a la fotografía que luego llegará a su ordenador. Quieres sentirte deseada. No te importa desnudar tu cuerpo, pero te resistes a relajar la mirada por temor a dejar tus sentimientos al desnudo. Aunque tu piel reacciona a la temperatura del agua, hay una parte de ti que no sabe de fríos. Tímida dirás que te sientes como una mujer con el agua al cuello. Risas mientras, impacientes, aguardan a que la escena más explícita tenga lugar. Está bien, lo escribiré al oído. Me concentraré en el lector anónimo y dejaré que sea él/ella quien imagine dónde reposan tus manos, que adivine dónde quieres que se detengan las suyas. Le pediré que no se acerque, que te espere en las rocas, y que desde allí te mire salir del agua. Primero tus hombros, luego tus pechos, tu vientre, tu pubis, tus piernas. Entonces les dejaré a solas. 

sábado, 17 de noviembre de 2012

Azul oscuro



Foto: Tato Gonçalves
"Get a room!” les gritó un turista inglés que caminaba con su familia por el paseo marítimo. Ellos, bien por el desconocimiento de esta lengua, o por lo enredados que andaban con las suyas propias, ignoraron el imperativo. Yo les observaba desde hacía rato. Disimulaba mirando al ocaso mientras que de soslayo intentaba comprobar si efectivamente se trataba del padre de Alejandra, mi alumna mexicana de primero B, al que había visto en un par de ocasiones a la salida del colegio. En las aulas de primero de primaria no existen secretos. La historia de los papás de Alejandra nos la contó ella misma en la clase de ciencias sociales. Hablábamos de los distintos tipos de familia: las que tienen una mamá, las que tienen una mamá y un papá, las que tienen dos papás. Alejandra levantó la mano para exponer la suya. Desde que cumplió cinco años, nos dijo, tiene dos mamás y un papá: “Verá, maestra, es que mi papá se enamoró de una amiga de mi mamá; al principio mi mamá se enojó mucho y le botó de casa, pero mi mamá se quedó sin trabajo y le dijo que volviera; ahora mi papá duerme con mi segunda mamá en la recámara grande y mi mamá-mamá duerme conmigo en la chiquita; a veces hacen mucho ruido cuando duermen y nos despiertan; entonces a mi mamá le da la alergia y no para de sonarse; hay días que se levanta súper enojada y vuelve a pedirles que se vayan, pero siempre vuelven.” Acabada la detallada exposición, les entregué los botes de plastilina y cada uno comenzó a moldear a sus papás, mamás y hermanitos en colores amarillos, verdes, azules, rojos y naranjas. Alejandra se apoderó del azul oscuro. Por eso creo que tienen que ser ellos; son muy azul oscuro.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Otro abrazo

Foto: Tato Gonçalves
Palabras acaba de cumplir un año. Doce meses buscando términos que unas veces me ayudaran a convertir en ficción alguna verdad y otras, haciendo el camino inverso, tratando de convertir en verdadera alguna ficción. Ha sido un año de navegación sin brújula, de ahí que en ocasiones nos hayamos perdido durante semanas. En mi primer texto, Commuters, les conté cómo nació mi interés por la escritura. Fue precisamente el escritor real al que daba vida el personaje principal de ese relato, Santiago Gil, quien me animó a hacer públicos mis primeros textos. No lo pensé demasiado (¡cómo si no!) y creé este blog sin terminar de entender la razón que me empujaba a compartir mis Palabras. Meses más tarde, Rosa Montero en su columna de El País  me brindaba las suyas para Gustificar mi atrevimiento: "Para eso se escribe, se pinta, se compone una sonata. Para escapar del encierro de nuestra individualidad. Y para eso se lee, se va al cine, se escucha la música. Para unirnos a los demás, para saber que no estamos solos."
Hoy, aprovechando este aniversario, quisiera compartir con ustedes algunas de las curiosidades que las estadísticas de la plataforma de este blog me ofrecen. Una de ellas es la “clave de búsqueda” más utilizada, esa palabra que conduce a los internautas hasta este blog, y que no es otra que “abrazos”. A priori, puede parecer gratificante que un término tan afectuoso haya llevado al aterrizaje de 623 personas (¿?) a uno de mis textos; la mala noticia es que aterrizan en uno de los menos recomendables. Sin embargo, No se enamore, una de las cuatro historias que salvaría de este primer año, no aparece en la lista de las diez entradas más leídas (¿mi gusto no coincide con el de mis lectores?). Me cuesta interpretar también el reciente interés de los alemanes (!!) por mi relato favorito, No respires, lo que la ha convertido en la tercera entrada más  leída /visitada del año. Sí aparece en esa lista otra historia que superaría mi criba, Mujer en la bañera (¿buscadores de Antonio López cabreados?). Finalmente, Mimetismo, uno de mis últimos textos que podría leer en alto sin avergonzarme, lo ha leído apenas medio centenar de personas, aunque a mí me vale con que a Antonio Jiménez Paz y a otros ocho desconocidos sospechosos les guste. 
No puedo acabar esta entrada sin nombrar a los que ilustran e inspiran mis palabras, esos fotógrafos profesionales que me fían generosamente sus imágenes. Me ofrecen no solo inspiración, sino la tranquilidad de saber que si mis textos no son del agrado del lector, al menos podrá recrear la vista con sus obras: Marcos Bolaños, Alfonso Elvira, Joe C. Moreno y Todd Winters (mi gran inspirador), y una gran pintora, Judit Paz. Hoy me estreno con otro grande, Tato Gonçalves. Hace unos días la osada que hay en mí recurrió a él para pedirle otro abrazo, un abrazo dirigido a ustedes, lectores conocidos y anónimos, y el sabio que hay en él me mandó abrazar al mar. 
Un abrazo, marino, azul, cargado de Palabras. 
P.D. No, no me olvido. Gracias, Mar.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Miradas (historia en construcción)


Foto: María Brito



Yo lo miro.
Él la mira.
Ella las mira.
Otro los miró.
Ellos se miraban.
Tú los miras.
¿Me miran?

sábado, 27 de octubre de 2012

Vidas paralelas


Foto: María Brito
Hasta que ella se cruzó en mi camino esta iba a ser una historia con un solo personaje: mi historia -en primera persona y sin secundarios-. Me dirigía con retraso a mi clase de yoga cuando divisé este entrante de luz por la calle Kant. No llevaba la cámara encima, así que busqué apresuradamente mi móvil en el bolso. En honor al filósofo que dio nombre a la calle, decidí unir empirismo y racionalismo y experimentar con la luz y mi soledad (esta pedantería, obviamente, no la pensé entonces sino que ha surgido mientras escribo). Lo que sí tenía claro en aquel momento es que deseaba hacer un autorretrato sin más compañía que la mía propia. Con este fin, me situé matemáticamente en medio de aquel río de luz, levanté el móvil a la altura de mi boca, separé las piernas para dejar que el destello fluyera entre ellas e intenté esconder el bolso que deformaba mi silueta. A través de la cámara la vi entrar en el encuadre por el lado izquierdo, caminaba despacio; intenté ignorar esa lentitud del paso del tiempo que surge cuando uno está en modo espera. Esta historia era mía, hablaba de mi soledad, de la inmensidad del universo y mi yo. El sol alargaba sus rayos para imprimir mi sombra en la arena. Ella, desafiante, se paró frente a mí, no tenía intención de moverse; hice un único disparo. Luego pude comprobar que sus cálculos fueron erróneos; le faltaron veinte centímetros para situarse en el medio de la imagen. Lo que sí logró fue cambiar los créditos de mi película. No obstante, esta historia nunca hubiera visto la luz de no ser por un tercer personaje. No fue hasta que él apareció, ocho meses después, que decidí ponerle palabras a esta imagen. Presiento un complot: esta era mi historia.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Antes de morir


Fotos: Joe C. Moreno


No siempre tengo fuerzas para enfrentarme a los nubarrones, así que son muchas las ocasiones en que opto por ignorarlos. Las nubes siempre terminan por pasar, aunque sé que detrás vienen otras. Cuando más orgullosa de mí misma me siento es cuando me levanto, las sonrío y las observo transitar. Son parte del juego de la vida y combatirlas o ningunearlas no son siempre la solución. No he plantado un árbol, ni he tenido un hijo, ni he escrito un libro. Tampoco creo que esas tres acciones sean esenciales para afirmar que una ha vivido, aunque no desecho realizar una de ellas antes de morir; como tampoco descarto construirme una cabaña frente al mar - con mi aguacatero en el jardín -, o ir a la India como voluntaria, o practicar sexo en el Salar de Uyuni.  Miro atrás y no puedo evitar la sonrisa, miro adelante y me invade la emoción. Me miro el ombligo y veo un ombligo. Happy birthday to me!

domingo, 23 de septiembre de 2012

Hojas muertas


Foto: Todd Winters

Otoño azul entre hemisferios, mareas extremas, calor viscoso, mañanas de playa para desempleados y jubilados, patios de colegio en ebullición, tardes de playa infantiles, puestas de sol que te atrapan en la arena, abueeeela, abueeelaaaa, mira cómo nado, bañadores en el tendedero, prendas imposibles en el escaparate, lluvia torrencial, bochorno, domingos con la tarea sin hacer, uniformes escolares planchados, polos blanco nuclear, mochilas de olores adictivos, nostalgia del verano que aún no se ha ido, anhelo de cartas con sellos postales e Yves Montand susurrándome al oído Les Feuilles Mortes.


domingo, 16 de septiembre de 2012

Afortunados



Foto: María Brito
Se saben afortunados. Él perdió su empleo en febrero después de doce años de trabajo tedioso en una entidad bancaria y en marzo ella se incorporaba a su instituto tras un año de baja por un cáncer de mama. Él ha retomado sus estudios de Bellas Artes; las tasas por las dos asignaturas que le quedan para completar la licenciatura ascienden este año académico a mil cuatrocientos euros, exactamente la misma cantidad de la paga extraordinaria que estas Navidades ella no recibirá; las piensa pagar con el dinero que ha sacado esta semana de vender unos cuadros que ha pintado en los últimos meses. No ha sido la única buena nueva de la semana: el exmarido de ella, que seguía acosándola dos años después de haberse separado, solicita ahora el divorcio; al parecer se ha enamorado este verano de una veinteañera. También les han llegado noticias del mejor amigo de él, sumido en una depresión desde que a ambos los despidieran del banco; le manda un correo desde Alemania e incluye esta foto; ha encontrado trabajo en Amazon.com empaquetando libros y se ha enamorado de una compañera de trabajo turca; augura un invierno cálido. Cuando a finales de julio ella supo que el aumento de horas lectivas la desplazaba de su destino definitivo a un centro a ochenta kilómetros de su domicilio, nunca pensó que iba a ser capaz de sacarse el carné de conducir en tan solo seis semanas. Hoy también ha sido un gran día: han recogido los resultados de los análisis de oncología. Este fin de semana se van a celebrarlo a una casa rural en el norte de la isla. Conduce ella. No creen en la suerte, pero se saben afortunados.


domingo, 2 de septiembre de 2012

Mimetismo

Foto: María Brito
Fue cumplir los treinta y cinco y a Olivia le entraron las prisas por ser madre. A su vida no había llegado ningún embarazador que quisiera quedarse, así que decidió acudir a una clínica de infertilidad, así mal llamada. Como tenía pánico a que su cuerpo diera un cambio brusco, acudió previamente a una perrera y adoptó a Flaco, un galgo que le aseguraría, por esa ley del mimetismo, que su delgadez permanecería intacta. Después de cinco inseminaciones artificiales y cuatro fecundaciones in vitro infructuosas, terminaron de sablear su cuenta bancaria al proponerle utilizar óvulos de una donante. Ella, que siempre se había negado a la adopción porque nada le hacía más ilusión que colgar fotos de la evolución de su barriguita en facebook, se convirtió así en el vientre de alquiler del que sería su hijo adoptivo, que en realidad fue hija, por más que se encomendó a la Virgen de la Dulce Espera para que pusiera un hombrecito en su vida. En la primera visita al pediatra fue incapaz de confesar la falta de conexión biológica entre ella y aquella hermosura de bebé que era ya su vivo retrato (la ley del mimetismo se cumplía a rajatabla), así que en el historial médico quedaron archivadas todas las enfermedades que por el lado materno su pequeña Jimena podría heredar; en el lado paterno se añadió un simple “desconocido”. El pediatra, un cuasi sesentón, se quedó prendado de la belleza de Olivia que, apenas una semana después de dar a luz, ya lucía una esbelta figura (Flaco aún seguía a su lado) y se preguntaba cuán ciegos estaban los jóvenes de hoy en día para dejar que una joven así tuviera que acudir a clínicas de fertilización, así bien llamadas. No estaba en los planes de Olivia, pero tras su cuarta visita al pediatra, y con sus hormonas aún revolucionadas, terminó por sucumbir a las miradas lascivas del doctor. Aquel hombre entrado en años la sorprendió con un polvo de los que se quedan en la memoria y también en el útero, pues no hizo falta más que un lingotazo de esperma cuasi sesentero para quedarse de nuevo embarazada. Este embarazador sí ha querido quedarse a su lado y como ya son muchos en casa ha decidido devolver a Flaco a la perrera. Solo está embarazada de cuatro meses, pero, para mí, que se está engordando a toda velocidad.

domingo, 26 de agosto de 2012

Un atardecer más

Foto: María Brito
Es un atardecer más, pero este no le coge por sorpresa. El sol es el protagonista y él, como los que le rodean, se ha asegurado de llegar a tiempo. Un compatriota suyo, expresidente de su país, puso este lugar en las guías turísticas al afirmar que la puesta de sol desde este rincón era la más bella que había visto hasta entonces. Los granadinos ya habían incluido un parangón similar en su refranero. Sabe que no existen comparaciones justas y, pese a ello, se adentra en su memoria para repasar los lugares que ha visitado antes de llegar aquí e intenta recordar otros crepúsculos que se ha parado a admirar. Ciertamente este lugar y la luz que lo acompaña son hermosos. Aun así, piensa que la belleza de un lugar no está solo en la generosidad de la naturaleza que lo rodea, o en la destreza del hombre para mejorarla, o en la luz que lo ilumina; sabe que en muchas ocasiones la hallamos en nuestro propio estado de ánimo. Planeó venir a Granada años atrás. No recuerda por qué no lo hizo, aunque sí tiene presente quién le iba a acompañar. Ella ya no está y por eso esta luz le hiere. Consciente de ello, intenta mirar este atardecer desde otros ojos. Busca a su alrededor - muchos andan distraídos por capturar este momento con sus cámaras - hasta que logra encontrar una mirada que se deja contagiar de la belleza del lugar, de la luz, de su compañía. Esa hubiese sido su mirada.

sábado, 18 de agosto de 2012

Inconsciente


Foto: María Brito
Estaban de luna de miel y ningún monumento a judíos asesinados iba a estropearles el posado. Cierto que hay pocos enamorados que piensen en las víctimas de Napoleón I cuando posan bajo el Arco del Triunfo parisino, o en las del almirante Nelson cuando se acercan a Trafalgar Square. Claro que el monumento de esta imagen aún carece de ese tiempo que todo lo cura con el que cuentan estas dos últimas obras. El cine occidental, además, ha contribuido a que los muertos de esta barbarie del siglo pasado nos resulten más cercanos que los que ayer mismo eran bombardeados en Siria y veíamos casi en directo desde el sofá de nuestras casas. Entender la razón de esta sinrazón no es tarea fácil. Así que tampoco nos termina de extrañar la actitud de esta pareja víctima del amor. A él fue precisamente las películas de la segunda guerra mundial lo que le llevó hasta Berlín; ella hubiera preferido algo más romántico, Mónaco o Venecia; sin duda, ciudades que también cuentan con asesinos a sus espaldas, pero cuyos fantasmas han tenido el tiempo suficiente para esfumarse. Ese hombre con chaqueta oscura que se acerca a mano izquierda es uno de ellos. El enamorado, ajeno a su presencia, le pide a su amada que sonría, pero ella, que lo ha visto, es incapaz de hacerlo; corrige su postura cruzando las piernas y hace un ademán de encoger los hombros. Ya es tarde. Hay otra cámara que los ha inmortalizado. De vuelta a su país su osadía y el destino harán que ella termine compartiendo celda con las chicas de Pussy Riot. Y él, bueno, él sueña con que existan cárceles mixtas y un día pueda compartir catre con las cuatro. ¡Inconsciente!

domingo, 12 de agosto de 2012

Nido vacío

 
Foto de Todd Winters


 
No entendió qué hacía aquel nido vacío entre cursos de memoria, de lectura o de taichí. Fue un funcionario de la Concejalía de Servicios Sociales quien le explicó el significado de la locución. Ella era soltera y su nido nunca había estado lleno, pero se aseguró de no pestañear al solicitar plaza para aquel grupo de terapia. Se había mudado a España hacía apenas unos meses. María había sido una de las niñas vascas refugiadas en Inglaterra durante la guerra civil española: “los olvidados”, así los llamaban. Pensó que si durante tantos años se habían olvidado de ella, por qué no iba ahora a ser ella quien relegara su pasado al olvido e inventara uno nuevo. Así fue cómo conoció a Carmen, a Manuela y a su tocaya. Tampoco ellas se conocían entre sí, a pesar de haber vivido siempre en la misma localidad. Fueron deshojando una a una los episodios de sus vidas y explicando su desazón al ver volar a sus polluelos – les gustaba explotar la metáfora –. Dos ya eran viudas y la tercera aún conservaba marido. María la rubia, así la distinguían, quiso ser la última en participar. Les advirtió que su perfil distaba algo del de ellas ya que llevaba sufriendo de nido vacío desde hacía muchos años. Les contó que tuvo marido y una hija, quien tras un divorcio agitado había quedado bajo la custodia del padre, y que hacía más de cuarenta años que no había vuelto a saber de ninguno de los dos. Su condición de medio inglesa hizo que no dudaran ni por un segundo de su historia - los ingleses siempre habían sido más modernos para esas cosas -. Ahora comparte con ellas paseos por la playa. La escuchan ensimismadas, especialmente cuando les relata los amoríos que siguieron a su divorcio ficticio, cuando aún estaba de buen ver. Conforme pasan los días se vuelve más desinhibida. Mantiene que sus senos caídos no son fruto de haberle dado el pecho a su hija sino del nutrido número de amantes fervorosos que han disfrutado de su cuerpo, aunque a ninguno supo retener. Le gusta sentirse escuchada y pone tanto sentimiento en lo que cuenta que ella misma empieza a dudar entre lo real y lo ficticio. Sabe que también se puede añorar lo que nunca se tuvo.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Don't feel like writing!

Foto: María Brito

Don’t feel like writing lately. Don’t write, then. But I feel better when I write. Then, write! You never listen to me, do you? Why don’t you write poetry instead? You need to feel miserable to write poetry. Just find a good photo and write, or take one of yourself. Half nude? You’d never publish it! I would! Would you? But I still need a text. Get that piece of paper on the night table and write anything. Wait, first the pic. Mmm... with this photo nobody will care about the text. Now, let me write down this conversation before I forget it; it could be a good start. Will you translate it into Spanish? As you said, nobody will care about the text.

lunes, 4 de junio de 2012

Commuters II

Foto de Todd Winters
Las palabras habían dejado de fluir. Obligaciones laborales y familiares la habían apartado del teclado y le costaba volver a él. Y no es que le faltaran historias que contar. Las ficciones verdaderas no dejaban de cruzarse en su camino. Hacía tan solo unos días la ejecutiva de minifaldas imposibles se había sentado justo detrás de ella. Ajena al volumen de su voz, confesaba a través del teléfono móvil cómo, días antes de separarse de su marido, había metido tijera a todos sus calzoncillos; le relataba a su entretenida interlocutora que, con gran esmero y siguiendo la costura de la cruz de la entrepierna, había hecho cortes de apenas cuatro centímetros: “lo justo para dejarlo con los huevos al aire”. También podía tirar de la historia del hindú envidioso. Cada mediodía, a la hora del cierre de los comercios, le observaba paseando a su perro delante de la perfumería de un compatriota; delante de la puerta principal, sin percatarse del paso de la guagua, dejaba caer el millo que llevaba en los bolsillos: conseguía así atraer la presencia de aquellas palomas que tanta facilidad mostraban para comer y defecar a un mismo tiempo. Personajes resentidos con el mundo, pero también reconciliados. Octavio, el chófer de la guagua, ya no escondía su amor por la pasajera misteriosa y la besaba fogosamente antes de empezar el viaje de las nueve y diez. Nunca faltaban historias, solo tiempo. Una tarde de domingo logró sentarse frente al teclado, leyó su primer texto, Commuters, y volvió a dejar que de sus dedos surgieran nuevas palabras.

domingo, 20 de mayo de 2012

No se enamore


Foto: María Brito
Pasé a su lado cuando sonaban las primeras notas de Suzanne en su guitarra. Me asombró el parecido de su voz con la del canadiense. Decidí sentarme en el banco de piedra que estaba a su derecha -se sentía helado en este frío día de primavera-. Le escuchaba con los ojos cerrados cuando oí caer las primeras monedas en la funda de su guitarra y, a continuación, esas tres palabras: “no se enamore”. Abrí los ojos y alcancé a ver la sonrisa del hombre que acababa de depositar las monedas. Pensé que aquellas palabras habían sido producto de mi subconsciente, que no pasaba por su mejor momento. Al gran Cohen le siguió otro grande, Elvis Costello, y otro nombre de mujer: Alison. Esta vez le escuché con los ojos abiertos y comprobé que, cada vez que un hombre se le acercaba, interrumpía por unos segundos la canción para susurrar esas mismas palabras: “no se enamore”. La rapidez con la que las pronunciaba las hacía incomprensibles al oído de sus receptores, que parecían interpretarlas como un “gracias”  y respondían asintiendo con la cabeza. Me quedé para una tercera canción. Los primeros acordes sonaban a Nirvana. No recordaba que estos tuvieran ninguna canción con nombre de mujer y así era; se trataba de su versión de Where did you sleep last night? Esta vez fue un joven el que procedió a agradecerle aquella maravillosa interpretación con un billete de cinco euros; pude entonces escuchar con toda claridad un “no te enamores”. El muchacho, sorprendido, respondió con una corta y sonora carcajada. Esperé a que acabara la canción y entonces me acerqué. Le sonreía con mis ojos, con mi boca y, antes de que pudiera soltar mis monedas, me cerró la mano con fuerza y dijo: “No dejes que se enamoren de ti”. Me alejé deprisa, un poco aturdida; casi estaba en la Puerta del Sol cuando me percaté de que seguía con el puño cerrado; mi contribución a aquel improvisado concierto se había pegado a la palma de mi mano. Sin meditarlo mucho me metí en el primer locutorio que encontré y utilicé aquellas monedas para hacer la llamada que llevaba días queriendo hacer, desafiando así el consejo del viejo guitarrista.

domingo, 13 de mayo de 2012

Soledad en compañía

Foto: Marcos Bolaños
La paciencia es su gran virtud, aunque no siempre fue así; cuando era cachorro reclamaba tu atención a todas horas. Luego aprendió que ninguna de tus amantes le iba a hacer sombra. Ya había ganado tu amor y nunca lo traicionarías. Ahora anda un poco enfadado con ese nuevo móvil que te mantiene ausente incluso cuando estás junto a él. Si no estás hablando con alguien, andas deslizando tu dedo índice sobre su pantalla y apenas le miras a los ojos. Espera tu caricia pacientemente. Sabe que ningún contacto virtual puede competir con el contacto físico que él te ofrece. Y tú también lo sabes. Cuando sales de esa abducción digital, no hay nada que te guste más que tirarte al suelo y huir de sus besos en tu oreja. Es una huida ficticia. Das vueltas con él sobre el césped, o en el suelo de casa, y finges enojarte; él parece calcular sus fuerzas para no hacerte daño. Terminas exhausto y dejas que sus besos te alcancen finalmente. Esta tarde mirabas a esas minúsculas viviendas que hay frente al parque y pensabas en las vidas detrás de esas paredes. Cientos de hombres y mujeres con preocupaciones parecidas, miedos similares y un anhelo común: el contacto, físico o virtual. Sabes que por eso es tan importante la soledad. Disfrutas del silencio, del placer con tu propio cuerpo, de tus monólogos para después entregarte al ruido, al placer del otro, al diálogo. Lo has conseguido: disfrutas de la soledad en compañía.

lunes, 7 de mayo de 2012

Viviendo Recuerdos


Foto: María Brito
Se miraban a los ojos e inconscientemente grababan en sus retinas aquella mañana lluviosa de mayo. El paseo en barca había sido organizado la noche anterior desde sus WhatsApps  y ningún parte meteorológico les hizo cambiar de planes. La lluvia recién caída había espantado al violinista que cada domingo amenizaba a los remeros desde la orilla del lago. A ellos les bastaba con los acordes del agua batiendo contra su barca. Su inocencia les impedía predecir cualquier final. No eran capaces de intuir la monotonía, la mentira, el hastío. Sus neuronas sí lo sabían y por ello se esmeraban en retener el sonido del agua, el olor del champú de su pelo, el intercambio de sueños, el sabor a pepinillos en vinagre que juntos habían aprendido a saborear. Lo vivían y lo guardaban en ese espacio del cerebro donde iban acumulando los buenos recuerdos. Tirarían de ellos cuando los días nublados se tornaran de nuevo grises o cuando la lluvia volviera a resultarles molesta. La discreción les impediría compartir estos recuerdos con los amantes que llegarían más tarde. La mayoría de esas memorias se irían difuminando para ser sustituidas por otras; algunas se salvarían del olvido gracias a otro día gris, a otra lluvia, a otro pepinillo que les devolvería aquella mañana lluviosa de mayo y les arrancaría una sonrisa. Aquella era la clave: vivir con intensidad los recuerdos de mañana.