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| Foto: Tato Gonçalves |
Palabras acaba de cumplir un año. Doce meses buscando términos que unas veces me ayudaran a
convertir en ficción alguna verdad y otras, haciendo el camino inverso, tratando de
convertir en verdadera alguna ficción. Ha sido un año de navegación sin
brújula, de ahí que en ocasiones nos hayamos perdido durante semanas. En mi
primer texto, Commuters, les conté cómo
nació mi interés por la escritura. Fue precisamente el escritor real al que
daba vida el personaje principal de ese relato, Santiago Gil, quien me animó a
hacer públicos mis primeros textos. No lo pensé demasiado (¡cómo si no!) y creé
este blog sin terminar de entender la razón que me empujaba a compartir mis Palabras. Meses más tarde, Rosa Montero en
su columna de El País me brindaba las suyas para Gustificar mi atrevimiento: "Para eso
se escribe, se pinta, se compone una sonata. Para escapar del encierro de
nuestra individualidad. Y para eso se lee, se va al cine, se escucha la música.
Para unirnos a los demás, para saber que no estamos solos."
Hoy, aprovechando este aniversario, quisiera compartir
con ustedes algunas de las curiosidades que las estadísticas de la plataforma
de este blog me ofrecen. Una de ellas es la “clave de búsqueda” más utilizada,
esa palabra que conduce a los internautas hasta este blog, y que no es otra que “abrazos”. A priori, puede parecer gratificante que un término tan afectuoso haya llevado
al aterrizaje de 623 personas (¿?) a uno de mis textos; la mala noticia es que
aterrizan en uno de los menos recomendables. Sin embargo, No se enamore, una de las cuatro historias que salvaría de este
primer año, no aparece en la lista de las diez entradas más leídas (¿mi gusto
no coincide con el de mis lectores?). Me cuesta interpretar también el reciente
interés de los alemanes (!!) por mi relato favorito, No respires, lo que la ha convertido en la tercera entrada más leída /visitada del año. Sí aparece en esa lista otra historia que superaría mi
criba, Mujer en la bañera (¿buscadores
de Antonio López cabreados?). Finalmente, Mimetismo,
uno de mis últimos textos que podría leer en alto sin avergonzarme, lo ha leído
apenas medio centenar de personas, aunque a mí me vale con que a Antonio Jiménez Paz y a otros ocho desconocidos
sospechosos les guste. No puedo acabar esta entrada sin nombrar a los que ilustran e inspiran mis palabras, esos fotógrafos profesionales que me fían generosamente sus imágenes. Me ofrecen no solo inspiración, sino la tranquilidad de saber que si mis textos no son del agrado del lector, al menos podrá recrear la vista con sus obras: Marcos Bolaños, Alfonso Elvira, Joe C. Moreno y Todd Winters (mi gran inspirador), y una gran pintora, Judit Paz. Hoy me estreno con otro grande, Tato Gonçalves. Hace unos días la osada que hay en mí recurrió a él para pedirle otro abrazo, un abrazo dirigido a ustedes, lectores conocidos y anónimos, y el sabio que hay en él me mandó abrazar al mar.
Un abrazo, marino, azul, cargado de Palabras.
P.D. No, no me olvido. Gracias, Mar.


















