miércoles, 28 de marzo de 2012

Miradas extraviadas


Foto: familia Brito (La Güera, 1973)
Pasan a mi lado, subimos a la misma guagua para ir al trabajo, nos acaricia la misma brisa de mar y hasta es muy posible que compremos el té en la misma tienda; aun así, no somos capaces de reconocernos. Perdí sus miradas hace más de tres décadas y encontrarlas se vuelve complicado. Sí sería capaz de reconocer el azul de los ojos de Aleua, el padre de Jeresquina, la mediana de las tres. Pasados los años, solíamos encontrarnos paseando por la playa de Las Canteras. Recuerdo con toda claridad nuestro intercambio de Salam Alikum, el abrazo emocionado con mi padre y cómo me besaba la frente mientras me transmitía bendiciones que yo nunca logré entender. Aleua vestía siempre un deraa azul, el traje tradicional saharaui, y llevaba turbante blanco, lo que contrastaba maravillosamente con su piel canela y el azul de sus ojos; cuando se cruzaban con los ojos verdes de mi padre, aguados de emoción, parecían competir con el mar que los enmarcaba. Los dos marcharon hace tiempo y ninguna heredamos el color de sus iris que tal vez podría haber facilitado nuestro encuentro. Jeresquina sigue viviendo en nuestra isla y estoy segura de que vive porque su madre, Fatima (con acento en la segunda sílaba), después de haber perdido varios bebés, la llamó así por el significado de su nombre: “la que nunca muere”. Jaddama, la más alta, es la hija de Deidí y Buba y también es muy posible que caminemos por las mismas calles. Ya saben que me gusta soñar. Sueño que alguno de los que están leyendo estas Palabras reconoce esta foto, o que incluso haya visto una muy parecida: la versión que se apoderó de nuestras miradas. Sueño que nos encontramos frente al mar, que viajamos a La Güera, que volvemos a unir nuestras manos y que nuestras miradas extraviadas vuelven a dejarse retratar.

6 comentarios:

  1. Muy bonito. Sigue atenta y ojalá algún día escribas las "Palabras" de ese reencuentro.
    Un beso,
    KW

    PS
    Ya te contaré porqué no bajé a la Mani, pero creo que te lo puedes imaginar... ;-)

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  2. ¡Muchas gracias, amiguito! Por supuesto que daré cuenta de los avances de ese sueño.
    PS Mira tu cámara: la afanada que abana los brazos como una loca soy yo; tu vecino no paraba de saludarme desde el balcón y tú ni enterarte...:)

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  3. Desde que "me regalaste" el poder descubrir el perfume de las flores no había vuelto a leerte y hoy de nuevo me identifico con tus sentimientos de miradas extraviadas (después de leer de qué miradas se trata, me maravilla lo de inconsciente que hay detrás cada elección, eso que me hizo elegir de entre todos tus títulos éste) pues la vida hizo que estuviera en torno a los 15 años compartiendo isla pero sin ver a dos hermanos "casi-adoptivos" que acabaron siendo adoptados por otra familia después de haber vivido con nosotros 3 años. El día que mis padres me llamaron para decirme que Toni y Miguel estaban en casa, yo estaba con una amiga y recuerdo como los latidos de mi emocionado corazón sonaban por encima del ruido del motor de mi coche mientras conducía a toda velocidad para reencontrarme con ellos. !Fue de los momentos más increíbles que he vivido! Deseo que la vida te regale ese reencuentro y que sea igual de mágico y especial.

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    1. ¡Muchas gracias, Ruth! Nos seguimos reencontrando en los textos que nos unen. Un abrazo enorme.

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  4. ¡qué emotivo!,¡qué bien expresado y sentido!.
    Quiero pensar que el hecho de que este relato (con otros también me ha sucedido) me haga "aguar" el lagrimal se debe a razones subjetivas y personales de tus palabras. Ni se me pasa por la mente que el motivo sea los años que voy cumpliendo.
    Me faltan razones subjetivas en otros relatos que igualmente me hacen un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos.
    Hacía tiempo que no pasaba por aquí pero veo que sigues igual de inspirada. Es un gusto leerte. Un beso
    P.D.: voy a seguir leyendo los que tenía pendiente. Espero no tener que usar un pañuelo.

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    1. Es mi dulce venganza, hermanito. Por todas esas lágrimas que de adolescente me obligaste a reprimir soltando chistes en los momentos más emotivos de las pelis. Yo ya lo sabía: tú eras el que querías llorar. ¡ja,ja,ja! Besos y gracias.

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