domingo, 30 de septiembre de 2012

Antes de morir


Fotos: Joe C. Moreno


No siempre tengo fuerzas para enfrentarme a los nubarrones, así que son muchas las ocasiones en que opto por ignorarlos. Las nubes siempre terminan por pasar, aunque sé que detrás vienen otras. Cuando más orgullosa de mí misma me siento es cuando me levanto, las sonrío y las observo transitar. Son parte del juego de la vida y combatirlas o ningunearlas no son siempre la solución. No he plantado un árbol, ni he tenido un hijo, ni he escrito un libro. Tampoco creo que esas tres acciones sean esenciales para afirmar que una ha vivido, aunque no desecho realizar una de ellas antes de morir; como tampoco descarto construirme una cabaña frente al mar - con mi aguacatero en el jardín -, o ir a la India como voluntaria, o practicar el sexo en el Salar de Uyuni.  Miro atrás y no puedo evitar la sonrisa, miro adelante y me invade la emoción. Me miro el ombligo y veo un ombligo. Happy birthday to me!

domingo, 23 de septiembre de 2012

Hojas muertas


Foto: Todd Winters

Otoño azul entre hemisferios, mareas extremas, calor viscoso, mañanas de playa para desempleados y jubilados, patios de colegio en ebullición, tardes de playa infantiles, puestas de sol que te atrapan en la arena, abueeeela, abueeelaaaa, mira cómo nado, bañadores en el tendedero, prendas imposibles en el escaparate, lluvia torrencial, bochorno, domingos con la tarea sin hacer, uniformes escolares planchados, polos blanco nuclear, mochilas de olores adictivos, nostalgia del verano que aún no se ha ido, anhelo de cartas con sellos postales e Yves Montand susurrándome al oído Les Feuilles Mortes.


domingo, 16 de septiembre de 2012

Afortunados



Foto: María Brito
Se saben afortunados. Él perdió su empleo en febrero después de doce años de trabajo tedioso en una entidad bancaria y en marzo ella se incorporaba a su instituto tras un año de baja por un cáncer de mama. Él ha retomado sus estudios de Bellas Artes; las tasas por las dos asignaturas que le quedan para completar la licenciatura ascienden este año académico a mil cuatrocientos euros, exactamente la misma cantidad de la paga extraordinaria que estas Navidades ella no recibirá; las piensa pagar con el dinero que ha sacado esta semana de vender unos cuadros que ha pintado en los últimos meses. No ha sido la única buena nueva de la semana: el exmarido de ella, que seguía acosándola dos años después de haberse separado, solicita ahora el divorcio; al parecer se ha enamorado este verano de una veinteañera. También les han llegado noticias del mejor amigo de él, sumido en una depresión desde que a ambos los despidieran del banco; le manda un correo desde Alemania e incluye esta foto; ha encontrado trabajo en Amazon.com empaquetando libros y se ha enamorado de una compañera de trabajo turca; augura un invierno cálido. Cuando a finales de julio ella supo que el aumento de horas lectivas la desplazaba de su destino definitivo a un centro a ochenta kilómetros de su domicilio, nunca pensó que iba a ser capaz de sacarse el carné de conducir en tan solo seis semanas. Hoy también ha sido un gran día: han recogido los resultados de los análisis de oncología. Este fin de semana se van a celebrarlo a una casa rural en el norte de la isla. Conduce ella. No creen en la suerte, pero se saben afortunados.


domingo, 2 de septiembre de 2012

Mimetismo

Foto: María Brito
Fue cumplir los treinta y cinco y a Olivia le entraron las prisas por ser madre. A su vida no había llegado ningún embarazador que quisiera quedarse, así que decidió acudir a una clínica de infertilidad, así mal llamada. Como tenía pánico a que su cuerpo diera un cambio brusco, acudió previamente a una perrera y adoptó a Flaco, un galgo que le aseguraría, por esa ley del mimetismo, que su delgadez permanecería intacta. Después de cinco inseminaciones artificiales y cuatro fecundaciones in vitro infructuosas, terminaron de sablear su cuenta bancaria al proponerle utilizar óvulos de una donante. Ella, que siempre se había negado a la adopción porque nada le hacía más ilusión que colgar fotos de la evolución de su barriguita en facebook, se convirtió así en el vientre de alquiler del que sería su hijo adoptivo, que en realidad fue hija, por más que se encomendó a la Virgen de la Dulce Espera para que pusiera un hombrecito en su vida. En la primera visita al pediatra fue incapaz de confesar la falta de conexión biológica entre ella y aquella hermosura de bebé que era ya su vivo retrato (la ley del mimetismo se cumplía a rajatabla), así que en el historial médico quedaron archivadas todas las enfermedades que por el lado materno su pequeña Jimena podría heredar; en el lado paterno se añadió un simple “desconocido”. El pediatra, un cuasi sesentón, se quedó prendado de la belleza de Olivia que, apenas una semana después de dar a luz, ya lucía una esbelta figura (Flaco aún seguía a su lado) y se preguntaba cuán ciegos estaban los jóvenes de hoy en día para dejar que una joven así tuviera que acudir a clínicas de fertilización, así bien llamadas. No estaba en los planes de Olivia, pero tras su cuarta visita al pediatra, y con sus hormonas aún revolucionadas, terminó por sucumbir a las miradas lascivas del doctor. Aquel hombre entrado en años la sorprendió con un polvo de los que se quedan en la memoria y también en el útero, pues no hizo falta más que un lingotazo de esperma cuasi sesentero para quedarse de nuevo embarazada. Este embarazador sí ha querido quedarse a su lado y como ya son muchos en casa ha decidido devolver a Flaco a la perrera. Solo está embarazada de cuatro meses, pero, para mí, que se está engordando a toda velocidad.