miércoles, 29 de febrero de 2012

Feeling blue

Foto de Todd Winters
Se topó con esta foto y no necesitó buscar la etimología de esa expresión anglosajona que encontraba tan contradictoria: feeling blue. Lo tenía: el azul también podía evocar melancolía. Ella siempre había asociado este color, su color desde que era niña, a ese cielo velazquiano de Madrid o al azul atlántico de su orilla. Y lo que ambas imágenes le sugerían estaba muy lejos de cualquier sentimiento de tristeza. Sin embargo, el mismo embarcadero que ayer le evocaba un maravilloso sueño, hoy, teñido de azul, le afligía una profunda sensación de quebranto, de pena. ¡Oh, cómo detestaba esa palabra! Hay pocos términos tan pusilánimes como ese. Pero era justo el que se le venía a la cabeza cuando veía las agujas de reloj correr frente a otro azul, el azul que rodeaba a la letra ‘f’ de esa red social. Cuando lograba zafarse de ella, ese espacio lo ocupaban los libros, el cine o la escritura. Se trataba de un simple cambio de personajes. Unos reales, que se manifestaban a través de una fotografía, y otros ficticios a los que tenía que poner cara o creérselos si los hallaba en una película. Sin dudarlo, se sentía más acompañada por estos últimos. Estando con ellos nunca se sentía blue. Pero, si alguna vez lo estaba, seguía los consejos de una gran dama, Ella Fitzgerald, y volvía a crear un sueño.

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